El maestro como educador sexual

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Introducción:

Más de 100.000 mujeres de las que se quedarán embarazadas en España se someterán a un aborto sólo este año. Aproximadamente el 50% de la población sexualmente activa tendrá una Enfermedad de Transmisión Sexual (ETS) antes de que alcance los 25 años de edad.

La mejor forma de evitar eso, el mejor método que podemos implantar para intentar disminuir esas cifras es la información sexual integral y la difusión del uso de los métodos anticonceptivos adecuados desde el punto de vista médico y parra su edad..

Tenemos el propósito de introducir nuevamente la educación sexual en las escuelas y de rechazar programas ineficaces basados únicamente en la abstinencia que se han quedado inoperativos por la experiencia. Aquí presentamos un tema en el que estamos continuamente trabajando:

Por: Beatriz Mayén Hernández

El propósito del presente ensayo es reflexionar sobre la figura del maestro como educador sexual, desde la construcción de su práctica hasta el papel que desempeñan las percepciones femeninas o masculinas en la enseñanza de la sexualidad.

Es la escuela, y el aula en particular, el espacio virtual donde los y las docentes se desarrollan y dan muestra de sus capacidades. Serán los ojos de niños, niñas, mujeres y varones los que descubrirán los saberes y dones de quien les enseña. Los seguidores simpatizarán con sus ideas, sus llamadas de atención, sus formas de ver el mundo, de vestir y de hablar. Otros alumnos, aun sabiendo que de los maestros y maestras también se aprende, no dejarán de protestar por sus métodos autoritarios o por la vaguedad de sus respuestas. En esa convivencia diaria, alumnos y maestros se conocen y, sin saberlo, hablan de sus necesidades y exigencias, de cómo han transcurrido sus vidas desde la primera infancia hasta la adolescencia. Los rostros infantiles que en otro momento expresaban curiosidad, asombro, enojo, ahora se perfilan como rostros juveniles de varones y mujeres, decididos o dudosos al enfrentar un futuro que habrán de construir.

El maestro de vocación lee en esas caras la audacia, la confusión, la duda, la necesidad de afecto, y sin duda, el brillo que les da el despertar de sus cuerpos a la sexualidad. La presencia de la menstruación en las jóvenes y de sueños húmedos en los varones, es muestra de una nueva dimensión de la sexualidad. Estas expresiones van acompañadas de una nueva imagen corporal en el andar, el vestir y el sentirse hombres o mujeres.

Reconocer y asumir la sexualidad de sus alumnos no es fácil. En primer lugar, maestros y maestras, confrontarán sus valores y actitudes hacia la sexualidad y, por otro lado, tratarán de resolver las dudas y aliviar los temores de los y las jóvenes en la preparación de su vida sexual. El tipo de compromiso que los maestros y las maestras asuman dependerá de los intereses y de las motivaciones personales. Algunos optan por asumir que la educación sexual corresponde exclusivamente a los padres de familia; otros tratan someramente algunos de los temas que comprende el programa escolar centrados en la reproducción y el cuidado de la salud. Los más comprometidos no se limitan a lo que señala el plan de estudios, sino que establecen un fuerte nexo con los alumnos para tratar de ayudarlos a resolver los dilemas que les plantea el ejercicio sexual juvenil.

Con el propósito de conocer las características de los maestros y las maestras que orientan en educación sexual, Mexfam realizó un estudio por medio de entrevistas grupales con docentes de escuelas secundarias. Algunos de los resultados demuestran que si bien maestros y maestras manifiestan estar motivados para dar educación sexual, existen diferencias en la forma en que argumentan su interés y visión a partir del género. Las maestras justifican la enseñanza de la sexualidad desde la perspectiva del "deber ser" y de su labor cómo docentes. En su interés por ofrecer las herramientas necesarias para preparar a las nuevas generaciones, prevalece la responsabilidad de educar en la escuela como una extensión del hogar, es decir, ser madre y ser maestra. Así como la madre "sabe" qué le pasa a su hijo, la maestra, a través de "una mirada más profunda", puede reconocer los estados de ánimo, las preocupaciones y conflictos de sus alumnos.

Destacan la observación como la habilidad más importante para detectar el estado físico y emocional de sus alumnos. Las maestras afirman que la información clara y oportuna puede evitar embarazos en adolescentes, enfermedades por contacto sexual, relaciones sexuales insatisfactorias, etc.

Respecto de la forma en que ellas fueron informadas en salud sexual, manifiestan que no hubo coincidencia entre el tiempo y el tipo de información que recibieron; que fueron informadas a destiempo y de manera parcial. En ningún caso se hace referencia a experiencias concretas que hayan sido fuertes motivadores para que ahora las maestras se dediquen a informar de estos temas. Ellas muestran cautela y cierta distancia entre su historia personal y la forma en que estas experiencias les pueden servir para aplicarlas en situaciones de aprendizaje.

Los maestros coinciden en que el conocimiento de los temas de sexualidad debe darse en el aula. En su opinión, la enseñanza de estos temas no puede dejar de lado la forma en que ellos fueron iniciados en su vida sexual; tampoco las presiones y exigencias sociales hacia su desempeño sexual. El manejo de situaciones y la experiencia de vida les permite, en la mayoría de los casos, mantener la intención de responder abiertamente a todas la preguntas que les hacen los jóvenes, más aún si se habla de sexualidad, llegan a poner ejemplos y a personalizar, siempre con el interés de transmitir su experiencia.

El maestro da la impresión de saberlo todo, se muestra paternalista y a veces intolerante hacia ciertas conductas que juzga incorrectas desde su propia escala de valores. Sin embargo, es necesario que se dé cuenta de que en muchos casos sus respuestas van ligadas a sus valores y estilos de vida, que se diferencian de los valores y estilos de vida de los jóvenes de hoy. Las experiencias femeninas tienen relación directa con los cambios del cuerpo y la reproducción. Las maestras explican que, en algunos casos, la primera información que recibieron fue durante la menstruación: la evidencia de sangrado menstrual hizo inevitable dar una explicación. En otros; el momento del matrimonio es el más oportuno para informar de las relaciones sexuales, pues el cuerpo tiene ahora la función social más importante: la reproducción. En otras situaciones las mujeres recibieron información sexual cuando ya estaban embarazadas, es decir, cuando su cuerpo y realidad buscaban explicación.

En relación con el empleo de métodos anticonceptivos, las maestras y los maestros muestran intereses distintos. Ellas señalan que es necesario promover la responsabilidad compartida en su uso. Están conscientes de las ventajas que tiene el uso del condón y están interesadas en que se promueva su empleo, aunque existe cierta suspicacia acerca de cómo hablar del tema con su pareja. Señalan que los varones deben participar activamente en la toma de decisiones en salud reproductiva. Los maestros afirman que son las mujeres quienes tienen la responsabilidad en el empleo de los métodos anticonceptivos. Se muestran poco interesados en las expectativas que sus respectivas parejas tienen sobre esto, y no siempre están dispuestos a participar en esta decisión. Maestros y maestras destacan la clara ausencia de un consejero en estos temas, pues no basta el interés genuino de los hermanos mayores, los amigos o los tíos por resolver las dudas o inquietudes de los más pequeños.

Mucho nos hemos preguntado qué atributos debe tener el educador sexual; el asunto de ha discutido ampliamente en nuestros cursos. Se ha coincidido en hacer depositario al educador sexual de nuestras propias exigencias, ideales y frustraciones. Se ha querido construir un modelo ideal perfecto para permitirle conocer y opinar en un asunto tan íntimo como es la sexualidad. Para aproximarnos a un modelo más real, en el aquí y ahora, estos grupos han caracterizado al educador sexual a partir de sus atributos y habilidades. Maestros y maestras coinciden en que debería tener características tales como la empatía, el respeto, la confianza y el interés por los jóvenes entre sus cualidades más importantes. Las maestras, desde una perspectiva humanista, señalan que este educador debe ser honesto, sincero, imparcial, abierto, sensible y capaz de comunicarse sin olvidar las técnicas pedagógicas esenciales para el buen manejo de los grupos. Subrayan como aspecto fundamental una normatividad clara que se base en una ética profesional sólida. En opinión de los maestros, resaltan aspectos prácticos como claridad de lenguaje, modulación de la voz, presencia agradable, capacidad de adaptarse a diferentes situaciones y ser un(a) ágil entrevistador(a) y conductor(a) de grupo. Consideran que lo más relevante es el autoconocimiento que el educador tenga de sus limitaciones y de sus posibilidades, para hacer un adecuado manejo de éstas.

Sin duda, el reto es que el educador sexual deje de ser idealizado y sea visto a partir de sus propias capacidades y contradicciones. Si este educador surge del gremio magisterial, deberá imbuirse en una realidad social, lo que implica, entre otros factores, la politización del sector, las condiciones salariales, las posturas a favor y en contra de la educación sexual, la relación con los padres de familia, así como la falta de capacitación técnica en salud sexual. Maestros y maestras no deben olvidar que son un agente de cambio y que, como tal, deben reafirmar, para sí y para los demás, que la educación de la sexualidad es parte estructural de un cambio cultural. Éste puede iniciarse a partir de la voluntad individual que los lleva a descubrir sus miedos, fantasías, esperanzas, placeres, y a asumir la responsabilidad de manejar su vida sexual. Los maestros y maestras decididos a iniciarse en el estudio de la sexualidad, tendrán la oportunidad de descubrir y reeditar, en sus historias infantiles y adolescentes, las motivaciones más profundas para ser educadores sexuales.

Este panorama nos lleva a reflexionar sobre algunos asuntos que podrían orientar la formación y profesionalización de los educadores sexuales:

1)    Favorecer la capacitación técnica de los profesionistas dedicados a la salud y la educación, no sólo mediante la capacitación extracurricular, sino desde la carrera de base. Esto implica sobre todo la voluntad política para integrar contenidos de salud sexual en diferentes niveles.

2)    Diseñar estrategias educativas y de capacitación, en las cuales la selección de docentes sea una fase fundamental; un proceso sistematizado en el que se apliquen instrumentos y técnicas de apoyo que permitan identificar las habilidades, los valores y actitudes de los maestros hacia la sexualidad.

3)    La capacitación en el campo de la sexualidad se entenderá como una acción planeada y sistematizada. Gradualmente se integrarán contenidos que abarquen los aspectos sociales, biológicos y psicológicos a partir de las necesidades de hombres y mujeres. Ellas se interesan por los temas que comprenden la sexualidad femenina: autoestima, asertividad, conocimiento del cuerpo e historia de la sexualidad. Los varones se interesan por temas como la respuesta sexual, las disfunciones sexuales, la masculinidad y la responsabilidad sexual.

4)    La capacitación no tendrá por qué ser una acción masiva, lo que la convertirá en una estrategia sumamente costosa. Habría que pensar en programas educativos viables en los que los esfuerzos se dirijan a aquellos educadores que tengan un interés genuino por la educación sexual.

5)    La metodología educativa de los cursos estará apoyada en el desarrollo de habilidades, para que el educador sea un facilitador que promueva la negociación, la toma de decisiones y la responsabilidad sexual de los jóvenes.

6)    La evaluación y el seguimiento de los procesos será una tarea constante, cuidadosa, que estará sustentada en la asistencia técnica de tutores capacitados. No deberá olvidarse la revisión de actitudes en el educador como un punto central.

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